HISTORIA DE UNA PLANTA
El áloe es tan antiguo como la humanidad misma, podemos constatarlo viendo que en diferentes pasajes de la Biblia tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, se habla del áloe, claro que la especie a que se hace referencia en dichos pasajes no es el conocido áloe vera, de hecho es un árbol resinoso i oloroso del cual se extraía un aceite que era utilizado como perfume, por otro lado, parece ser que este áloe era usado en el proceso para embalsamar los cadáveres. Ya comenté en el artículo titulado “La Planta”, que había más de 300 especies de áloes clasificados y que algunos de ellos eran verdaderos árboles sobretodo en Africa.
No está muy claro que el origen del áloe sea africano, digo que no está muy claro debido a que alguna parte de la historia nos lleva a pensar que en América del Sur se encontraron áloes a la llegada de los colonizadores, aunque por otra lado, se dice que fueron los colonizadores españoles quienes introdujeron la planta en América. Sea como sea, el áloe se encuentra por todos los países donde el clima cálido y desértico o semidesértico proporciona un buen hábitat para el áloe.
Si se sigue bosquejando en el transcurso de la historia, se ve como ha sido utilizado por los árabes, los griegos, los romanos y un sinfín de civilizaciones más. En cada época de la historia se pueden encontrar diferentes historias y leyendas donde el protagonista es el áloe.
Del tiempo de los sumerios son unas tablillas de arcilla, las cuales tienen una antigüedad datada en el siglo XVIII anterior a nuestra era, donde se describen las cualidades laxantes del áloe.
Las personas de la civilización egipcia del tiempo de los faraones, creían que el áloe podía proporcionarles suerte en el matrimonio, en los negocios o en cualquier actividad que iniciaran, así cómo la inmortalidad, pero como esto último era difícil de conseguir, ponían hojas de áloe en los sarcófagos y tumbas de los difuntos para que les protegiera de todo mal en su último viaje. Nefertiti y Cleopatra también utilizaron el áloe para mantener su belleza.
En documentos árabes, griegos y romanos antiguos, se encuentran referencias de la utilización del áloe como medicamento para tratar diferentes enfermedades, y cuenta la historia o leyenda que Alejandro Magno (356-323 a d.C.) al frente de las tropas griegas conquistó la isla de Socotra, al sur de Arabia, por la gran cantidad de áloe que en ella había, utilizando la planta para curar las heridas que sus soldados recibían en batalla.
También fue utilizado en Asia, así se encuentran documentos antiguos en la India, Malasia, el Tíbet, Sumatra y la China que demuestran que el áloe fue utilizado comúnmente para tratar enfermedades cutáneas, asma, hepatitis, sinusitis, fiebres infantiles por parásitos, etc.
En la Edad Media y el Renacimiento el áloe siguió siendo el medicamento preferido de muchos médicos, como demuestran muchos escritos de la época, para curar úlceras, dolores, enfermedades de los ojos, melancolía, quemaduras y un sinfín más de problemas.
Ya en nuestros días, y después de largos años en que todo lo natural quedó relegado al olvido por el auge de la ciencia, el áloe se usó en fórmulas laxantes puesto que esta era la única función que se le reconocía, y fue a raíz de la segunda guerra mundial que se empezó a investigar el áloe al ver los buenos resultados obtenidos en el tratamiento de las personas afectadas por las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki.
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